Villa Borghese es uno de los parques más grandes y lindos que tiene Roma. Sus casi 80 hectáreas estan llenas de paseos, árboles, lugares para descansar, hacer picnic y apreciar la naturaleza. Así que en uno de mis últimos días en la ciudad romana me dirigí hacia allí, con el fin de parar un poco la moto, relajarme y sentarme en un banco a leer y pensar un rato. Nunca hubiera imaginado que allí iniciaría una serie de episodios que concluyeron en un dia muy bizarro, pero divertido.

Villa Borghese

Villa Borghese

      

Luego de estar recorriendo el parque un buen rato, aviste unos banquitos frente a un lago, donde no daba tanto el sol y no habia casi ninguna persona, asi que me dispuse a sentarme allí, disfrutar del paisaje y seguir leyendo el diario de Anna Frank (Si ya se, increíble que recién a esta altura de mi vida estuviera leyéndolo). Luego de un rato ya estoy sumergido en la Amsterdam de 1942 sintiendo como era la vida en el anexo secreto, cuando de repente una sensación extraña me vuelve a esta realidad. “¿Cuando se sentó este viejo al lado mío?” “¿Por que me esta mirando?” “¿Que quiere?” ,“Si quiere guita, no me va a sacar un sope”. No me habia percatado que un simpático (por ahora) personaje se habia sentado en el banco donde estaba leyendo y me estaba mirando de forma “amistosa”. Tendría unos 80 años como mínimo, y parecía que estaba haciendo ejercicios de elongación. Lo inquietante era que me observaba mientras los hacía, por dentro todavía pensaba “debe ser un personaje gracioso este viejito”. Decidí seguir en la mía, y volver a los relatos de Anna. Al cabo de un rato, siento la mirada octogenaria acosándome nuevamente, esta vez más directa y con el torso girado hacia mi, como queriendo entablar diálogo:

– Viejito: “Americano?” (con la típica tonalidad tana)

– Yo: “No, Argentino”.

– Viejito: “Aaaahhh, el Papa Francesco…bla bla” (no entendi que otra cosa dijo)

– Yo: “Se se”

– Viejito: “Sono Romano” (Yo soy Romano)

– Yo: Que bueno…

– Viejito: “Viaja solo?” (mmmm medio turbia la mano)

– Yo: Se…

– Viejito: “bla bla te ragazza?” (nose que carajo dijo, pero creo que me preguntó algo como si tenia novia o chica)

– Yo: …Nono (decidí cortar la conversación volviendo al libro, todo muy raro…)

      Me dispuse a no preocuparme mucho, después de todo vengo de Argentina y ya la tengo clara según mi amigo tachero, por lo que seguí la lectura ignorando al acosador.

Cerca del lugar del episodio

Cerca del lugar del episodio

    

Cinco minutos después, una vez más esa sensación, el viejo se da vuelta y siento que me está avizorando nuevamente, “y ahora que quiere??” pienso. Lo miro, y esboza la siguiente frase mirándome de manera MUY amistosa y haciendo un gesto con la mano: “Romance”. LPM.Viejo degenerado, pienso por dentro a la vez que miro hacia alrededor para ver si había alguien cerca. No había nadie. La verdad sentí un poquito de miedo, me levante rápido del banco, guarde mi libro en la mochila y cuando me estoy yendo, escucho nuevamente la voz del vejestorio: “Chao bello”. La puta madre. No me pude contener, no me salió otra cosa que responderle bien a lo argento: “Chau viejo puto” y salí a paso rápido en busca de otro lugar bien alejado para seguir leyendo.

Por suerte quedó todo allí, y fue una anécdota más que contar del viaje, así que si estan por algun parque de Roma tengan en cuenta que existen estos “simpáticos” personajes.

Lo más curioso es que durante ese día, tuve otro episodio bastante bizarro con otro anciano que me tiraba besos desde el balcon enfrente de la habitacion de mi hostel. ¿Será Roma una ciudad old-gay-friendly y no me habia dado cuenta?

Uno de los varios lagos

Uno de los varios lagos