El primer viajecito del 2015 tuvo como destino la ciudad costera de Las Gaviotas y de acompañantes nada mas ni nada menos que mi grupo de amigos de toda la vida, Celes, Gaby, Agus y su novia Lu. Si bien somos amigos hace muchísimos años y algunos habíamos compartido unas que otras vacaciones, nunca hicimos un viaje todos juntos. Aprovechamos el fin de semana largo de carnavales para realizar un Viaje-Despedida-FestejoCumple o algo así, ya que había pasado el cumpleaños de Celes hacia poco y mi partida se avecina, aunque también todos teníamos ganas de irnos bien lejos de capital y desenchufarnos de la ciudad.

Dos semanas antes se armo la reunión pre-viaje para discernir sobre las provisiones y a quien le correspondía llevar cada cosa, como yo estaba en Chivilcoy no había podido asistir, por lo que recibí luego las instrucciones. Todo muy organizado, aunque nadie imaginó lo que nos esperaría en la ruta.

Las Gaviotas

Las Gaviotas es una pequeña urbe situada al lado de Mar de las Pampas, a unos 12km de Villa Gesell aproximadamente. De aspecto pintoresco y personas amables, las pocas edificaciones brindan una atmósfera de tranquilidad y relax, lo cual hace que este destino sea mas recomendable para familias y parejas. Se pueden realizar varias actividades como visitar el Faro Querandí, alquilar cuatriciclos, realizar cabalgatas y alquilar tablas para practicar Sandboard en sus dunas. Acá tenes la pagina oficial de turismo, y en este link las principales actividades. En resumen, es un destino ideal para ir a desconectarte y descansar de la ciudad.

El Viaje

Partimos el Sábado 14 de Febrero a las 9.00 hs ilusionados con empezar a disfrutar ese mismo día de la playa y el mar. Luego de una breve investigación por Google Maps, sabíamos que la ruta 2 estaba un poco complicada para salir de Capital Federal. Ni siquiera en nuestras peores pesadillas viajeras podíamos haber imaginado el colosal embotellamiento que había en toda la ruta. Luego de unas cuantas horas a paso de hombre y consultas a amigos y familiares sobre el estado de la ruta, nuestras brillantes mentes fueron deduciendo que:  1. Era cambio de quincena, 2. Era fin de semana largo, 3. El puente que esta entre la ciudad de Lezama y Castelli estaba dañado, por lo que a un grupo de vehículos los hacían desviarse y a otro avanzar sobre un solo carril. Todo eso explicaría el caos total que era la ruta, autos por la banquina e incluso sobre el pasto, la ira de los conductores al ver los coches colarse, la gente parada al costado de la ruta tomando mate (?) y estaciones de servicio colmadas con interminables filas para el baño.

Salida del peaje. Caos.

Salida del peaje. Caos.

Estuvimos 16hs arriba de un auto parando solo 2 veces para hacer 390km, nuestros cuerpos en las mismas posiciones durante casi todo un día, ni hablar de Agus, el conductor, al borde del calambre de brazo y pierna de meter tantos cambios de marcha, creo que se convenció de la caja automática con este viaje. Todo un calvario que supimos sobrellevar bastante bien igualmente.

El habitáculo del auto era nuestro espacio de convivencia, nuestra pequeña cabaña de 4 ruedas en donde compartimos todo el sábado, e hicimos un poco de todo; hablamos, callamos, gritamos, cantamos, discutimos, bardeamos a los banquineros, nos frustramos, nos encontramos con personas conocidas en el embotellamiento (muy loco), paramos, avanzamos, paramos, avanzamos, y así muchas veces. Por suerte los sanguchitos que armaron Celes y Gaby nos salvaron de morir de inanición, otro gran acontecimiento fue que las chicas de la mano de Lu, la mas experimentada rutera, aprendieron a hacer pis en la  banquina de la ruta, todo un desafío para el sexo femenino.

Otras de las cosas que hacíamos para matar el tiempo:

  • Adivinar cuantos años tenía la gente (y luego le preguntábamos).
  • Adivinar nombre y artista de la canción que sonaba en la radio.
  • Inventar historias sobre las personas que iban en los autos contiguos.
  • Descargar nuestra frustración cantando como locos algún tema que sonaba.
  • Mirar las nubes y adivinar que forma tienen (bueno este juego solo lo jugaba yo interiormente).
  • Filmar videos absurdos.

Llegamos al fin

Luego del interminable periplo, llegamos a destino, era la 1.00hs de la mañana del Domingo. Las cabañas Posadas del Faro, ubicadas al lado de la playa nos recibieron cansados y con muchas ganas de recuperar aliento para el próximo día, que ahora si seria de playa.

Selfie Playera!

Selfie Playera!

Luego de una noche de sueño reparador y un buen desayuno estábamos listos para la playa. Cada vez me convenzo mas que la costa argentina tiene algo especial, no serán las playas de Brasil ni Mexico, pero son nuestras playas, tienen algo entrañable que se funde con todo el ritual de ir la playa que las hace únicas: calentar el agua para el mate, guardar la yerba, el bronceador, toallas, libros, revistas y demás provisiones, agarrar las reposeras y la sombrilla, clavarse los anteojos de sol y salir con un aire diferente a cualquier otro día, mas relajados. En el camino ver las demás personas igualmente aprovisionadas, bajar (o subir) a la playa, sacarse las ojotas, la arena caliente que hace acelerar el paso, el cansancio de correr sobre la arenisca seca. Llegar, todo el ritual del asentamiento; clavar la sombrilla (todo un reto en nuestro caso),  desplegar “la lona”, ponerle las ojotas para que no se vuele, abrir las reposeras, sacarse la remera, pasarse la crema protectora, pedirle a alguien que te pase en la espalda, mirar a los alrededores, tirarse a “pachorrear” con la esencia de sal en el hocico y la melodía del mar de fondo. Luego vendrán los personajes playeros que todos conocemos, los que leen, los que se matan con el sol, los que toman mate, los que hacen castillos en la arena (presente!), los que juegan al tejo, pelota paleta, truco, chinchón, escoba de 15, etc.., los mirones, los vendedores de bijouterie, aros, pulseras, remeras, etc., los benditos churreros! (imposible escapar de la tentación churrera), después están los bañeros/as que miran al horizonte cual Mitch Buchannon de Baywatch, los que caminan modelando por la arena mojada y con el viento pegándoles de costado, los que pisan los caracoles rotos en la arena, los que se meten en el agua y juegan hasta que es hora de irse.

Muchas selfies grupales.

Muchas selfies grupales.

Al caer la tarde, el viento se hace sentir un poco mas, y ya es hora de ir levantando campamento para que sufran la arena los vecinos al sacudir las lonas y toallas. Por ultimo, la vuelta, el inexplicable cansancio después de haber estado recostado todo el día en la arena, la piel quemada, la evidencia de cuan pésimo se esparció el bronceador, la arena y la sal en todas partes, esa necesidad imperiosa de bañarse, para luego estar fresquito y presumir del bronceado obtenido.

Todo y eso mas fueron nuestros días de playa, con menciones especiales al gran asado que comimos el Domingo a cargo de Agus, la noche de coros celestiales playeros de la mano de un rico tinto, las pizzas a la parrilla de la auto-exigente Chef Lu y al martes de playa en el cual dimos rienda suelta a nuestra imaginación y brotó un ataque artístico del cual nació un cocodrilo playero muy cool.

 

En la Playa de Las Gaviotas.

En la Playa de Las Gaviotas.

Cocodrilo Cool!

Cocodrilo Cool!

Los bañeros locos.

Los bañeros locos.

La vuelta

Salimos alrededor de las 13hs luego de comer una picada hecha con las sobras del fin de semana, mas preparados mentalmente, sabíamos que seria una lenta y dolorosa agonia, por lo que cualquier escenario en el que tardemos menos de 16hs iba a ser un éxito, aprendimos a no tener grandes expectativas de la ruta costera.

Como era de esperarse, los primeros tramos de la ruta fueron a paso de hombre, desorden, desorganización, anarquía describirían muy bien esa ruta, nuestra indignación iba en aumento al ver a los inconscientes automovilistas que conducían por la banquina o en contramano con tal de adelantarse unos metros, incluso creamos el hashtag #NoALosBanquineros para concientizar.

Luego de un buen rato a paso de hombre, a partir del kilómetro 285 la ruta se liberó sin ninguna razón aparente, misterios ruteros. A partir de ese momento, el camino se alivianó, y pudimos seguir una marcha constante, tomamos una ruta alternativa que estaba incluso menos desconcentrada, por lo que la vuelta puede ser considerada un éxito en comparación a la ida, ya que tardamos “tan solo” 8hs y media aproximadamente.

A unos 2 meses de irme a Nueva Zelanda por un buen tiempo, todas las vivencias y experiencias toman mas intensidad y se disfrutan un poco mas de lo común, doy gracias de poder haber compartido este viaje con mis amigos los cuales van a ser unas de las personas que mas voy a extrañar al estar lejos.

Para cerrar este post, lo ultimo que tengo para escribir es… “Daaaale Ingrid daleeeee!!!”

Todos juntos!

Todos juntos!